Playa Alegre @Night
Para los que crecimos en Tallaboa Encarnación, el único barrio de Peñuelas con una “playa”, en los anos 70 y 80, vivir allí nos permitió disfrutar de nuestro barrio de una manera que pocos en nuestro pueblo lo hacían. Nuestra playa, Playa Alegre, no sólo era un lugar de trabajo para algunos, era también el lugar de entretenimiento y diversión para jóvenes y viejos. Playa Alegre era un lugar apacible y refrescante durante los días de cálidos días de verano, mientras en las noches se convertía en un lugar oscuro, solitario y silencioso, pero no sin un “night life”.
Playa Alegre no era un nombre comúnmente usado excepto por los residentes del barrio. La playa, esta localizada dentro de los terrenos de la entonces Ponce Sal Industries, mejor conocida como “la salina”. Aunque localizada dentro de una industria privada, sus duenos no objetaban él paso de los locales.
Recuerdo que cuando tenía como catorce ó quince años, una navidades, mi papa me regalo unos binoculares, para que yo pudiera mirar los barcos que rutinariamente entraban y salían de los muelles de las bahías de Tallaboa y Guayanilla. No importaba lo que yo estuviera haciendo, en el momento que yo escuchaba los pitos de los barcos o remolcadores, yo me trepaba encima de la casa usando las rejas como escaleras, para mirarlos con mis binoculares. Los binoculares tenían unos lentes llamados “Siamese Cat” o gato siamés, que permitían poder ver en la oscuridad cosas que no se podían ver a plena vista. No estoy hablando de los aparatos electrónicos de visión nocturna que existen hoy día, sino de una capa especial que cubría los lentes que permitían ver con mas claridad en lo oscuro, al memos eso clamaba su mercadeo.
En algunas de esas ocasiones mientras yo observaba los barcos de noche, descubrí que Playa Alegre solía tener visitantes nocturnos que habrían descubierto como disfrutar de la brisa playera a oscuras. Ocasionalmente observaba las luces de carros que lentamente se movían por la playa hasta llegar algún sitio donde se detenían y luego apagaban sus luces. Yo estoy seguro que sus visitantes nocturnos tenían sus propios lentes siameses con los que podían ver todo perfectamente. Lo menos que ellos se imaginaban era que desde el barrio podía haber alguien observándolos mientras estaban allí. Debido a que la distancia era obviamente larga, no se podía ver quien exactamente estaba allí, ni si eran hombres o mujeres, pero imagino que no todos iban por pescados y jueyes. Algunos iban a platicar y disfrutar de un momento romántico y la fresca brisa playera nocturna con sus parejas.
Recuerdo una historia que alguien me contó, de un cierto punto, no sé si en Playa Alegre o en El Boquete que solía ser frecuentado por parejas en la noche. Según me contaron, una pareja estaba dentro de su auto “platicando” cuando unos muchachos del barrio los vieron. Alegadamente, los muchachos, muy silenciosamente, recogieron cocos y piedras, se escondieron en los mangles y luego de esperar un rato a que la cosa se pusiera “interesante”, le soltaron una lluvia de piedras y cocos al carro. Solo puedo imaginarme el susto que se llevo esa gente. Debo aclarar, que yo no estaba allí, no sé de quién se trataba, y tampoco nunca vi ningún carro en el barrio mostrando las huellas de tal evento, así que si sucedió, probablemente no eran del barrio.
En una ocasión que corríamos bicicleta por la playa, encontramos lo que parecía ser un trabajito espiritista que tenía la mitad de un coco parcialmente enterrado en la arena, con cenizas, plumas de aves, entre otras cosas. Sin pensarlo dos veces, nos persignamos para que no se nos pegara nada, y lo rompimos esperando poder liberar al recipiente del trabajito de sus efectos, y esperando haberlo hecho a tiempo. Muy posiblemente había sido dejado por uno de esos visitantes nocturnos la noche anterior pues parecía un “trabajo” reciente. Evidentemente, Playa Alegre ofrecía un ambiente anónimo y auto para tal tipo de rituales.
Para la mayoría de la gente del barrio, Playa Alegre era un territorio extraño y desconocido, especialmente en las noches, excepto en una noche especial, La noche de San Juan. En esa celebración anual Playa Alegre verdaderamente se encendía de vida, adquiría su “night life”, dándole la oportunidad a muchos de disfrutar lo que para muchos era un secreto. En esa noche, el barrio se desbordaba hacia Playa Alegre y se formaba el “party” del año. Algunos iban en carro, pero muchos se tiraban la caminata desde sus casas, pasando por la jueyera, bordeando los lagos de sal como cucubanos, hasta llegar a la playa, donde estaba la fiesta.
Curiosamente, la mayoría de los visitantes de esa noche eran personas que no se aventuraban a poner un pie allí en ninguna otra noche, pero esa noche era diferente. No solo era una noche de celebración, sino también de liberación. Playa Alegre llamaba a todos a visitar, miedos aparte, y a pasar una noche inolvidable. Esa noche no hacían falta luces ni “flashlights”, y todo el mundo tenía ojos de gato siamés. Una vez adaptada la vista a la oscuridad, se podía ver a todos con plena claridad, aun sin ninguna luz, solo con él resplandor de las fogatas. Si venia algún carro con las luces encendidas era mejor no mirarlo, para no perder la vista de gato en la oscuridad.
Hay que denotar, que en esos tiempos no existian los teléfonos celulares con sus potentes flashlights, y que los flashlights y las baterias disposables no alumbraban tanto ni duraban largo tiempo, por lo que había que usarlos esporádicamente.
Mientras unos iban a celebrar la fiesta y compartir con sus amistades, otros iban a poner en a prueba sus creencias, para en la media noche tirarse de espaldas al agua o de su manera preferida, contar de traer la buena suerte y lograr sus sueños.
Si esa noche había Luna llena, él efecto y él ambiente se amplificaba, ofreciendo reflejos plateados de las siluetas de los bañistas, pintados con él baile de las llamas de las fogatas. Por supuesto, también se iba a disfrutar de la comida y la bebida, mientras los aromas de los asados y las frituras torturaban a los demas. Para mí no había nada mejor que disfrutar de las cálidas aguas del Mar Caribe en esa noche en compañía de amistades.
Años mas tarde, en algún momento en los 90, y después que yo me había ido de Tallaboa, se cuenta que una entidad China habia adquirido la difunta Ponce Salt Industries, con planes de instalar un restaurante o casino en Playa Alegre. Con estos fines, el nuevo dueño intento traer un barco para anclarlo en la orilla para en el crear el negocio. Durante su entrada hacia la orilla frente a donde antes yacía la montaña de sal, por alguna razón, el barco termino encallado en la piedras que bordeaban el estrecho canal que entraba a a la salina. En el intento de rescatar el accidentado barco, trtajeron un remolcador el cual tambien se encallo, resultando en dos naves naufragadas en la bahía.
Según rumores que escuche, los residentes del barrio, en especial los que frecuentaban la playa, no estaban de acuerdo con tales planes. A tal efecto según entendí, hubo algún tipo de resistencia a tal movida, y eventualmente, solo los dos cascos mohosos de los barcos, quedaron como testigos del fracasado proyecto. La permanencia de ambas naves justo fuera de Playa Alegre, representa un acto que resultó en un evento que aunque desastroso, dio un nuevo punto de interés, ahora sirviendo como punto fotográfico para locales y turistas.
Retornando a la historia de la noche de San Juan, yo me hubiera quedado en Paya Alegre hasta el amanecer, alargando el “night life” hasta ver el sol salir. Desafortunadamente teníamos que volver a casa y dejar el territorio libre para los jueyeros, los pescadores y los románticos que disfrutaban de nuestra playa las restantes noches del año. Mientras tanto yo me entretenía mirando los barcos y los ocasionales visitantes con mis binoculares desde el techo de la casa, siempre recordando él tiempo maravilloso que allí disfrutamos. Hoy, décadas mas tarde, recuerdo como ayer esos tiempos de juventud y aventura, los cuales desearía poder revivir, mas allá de la oportunidad que tengo de convertir mis memorias en letras.
Gracias por tan lindos recuerdos de Playita Alegre especialmente las noches de San Juan a la orilla del mar.Oi decir que toda esa area fue comprada y que no permiten acceso a Playita Alegre.Es una lastima que otras generaciones no ha podido(o podran)disfrutar la unica playa de nestro pueblo,es algo que da pena.
ResponderBorrarGracias Jose por tu comentario. La ultima vez que fui por allli se podia pasar. No se si el accesso ha cambiado recientemente. Lo bueno es que siempre podemos transportarnos alli mentalmente. Si no lo has hecho ya, te invito a leer las otras historias que tengo aqui en el blog. Espero que te las disfrutes.
BorrarMochas noches disfrute de esa playa en La Noche De SJ.Familiares y amigos nos reuniamos para comer beber y la jugada de domino no podia faltar. Me acuerdo que Mami se pasaba la noche contando cabezas para asegurarse que todos estabamos bien. La musica nos transportaba a viejos tiempos y siempre habia alguna persona mayor haciendo historias y contando anecdotas de su infancia. Fueron y seran los mejores tiempos de mi juventud. Por eso cuando muera quiero mis cenizas sean parte de la Playa Alegre. Gracias Edil otra vez me llevastes a nuestro barrio querido sin cojer un avion. TQM DTB Tu hermana, Millie
ResponderBorrar